ISD implementa un servicio ambulatorio multidisciplinario pionero en enfermeras registradas para tratar la espasticidad

Publicado en 15 de septiembre de 2021

Popularmente asociada a su uso en procedimientos estéticos, la toxina botulínica, comúnmente conocida como botox, tiene funciones que van más allá de mejorar la apariencia física. Por primera vez, pacientes que utilizan los servicios de rehabilitación motora del Instituto Santos Dumont (ISD), en Macaíba, recibieron aplicaciones de la toxina para tratar la espasticidad, un trastorno común en lesiones congénitas o provocadas en el sistema nervioso central, que puede generar incapacidad funcional, deformidades y dolor. La toxina botulínica actúa reduciendo la espasticidad e inhibe, durante un período de tiempo, el mecanismo que aumenta la contracción refleja. 

 

Denominado Servicio Multidisciplinario Especializado en el Tratamiento de la Espasticidad (Semente), el ambulatorio está formado por un equipo multidisciplinario integrado por la fisioterapeuta Camila Simão; por la farmacéutica bioquímica Danielle Alecrim; por la médica ortopédica pediátrica Kalyana Fernandes y el neurólogo Ângelo Raimundo da Silva Neto. Atienden pacientes en el Centro de Rehabilitación Especializado (CER IV), con indicación para el tratamiento de la espasticidad, instalado en el Centro de Educación e Investigación en Salud Anita Garibaldi (Anita). El primer día de funcionamiento de la clínica, la semana pasada, tres pacientes recibieron la toxina. La mayoría de las aplicaciones realizadas hasta el momento se han producido en los miembros inferiores, donde se concentran la mayor parte de las contracciones musculares involuntarias que se producen en los niños tratados.

 

Según Camila Simão, el tratamiento iniciado con toxina botulínica es pionero porque involucra un equipo multidisciplinario que discute, según las demandas y necesidades traídas por la familia, la indicación de aplicación y el proceso de rehabilitación. Previo a la aplicación de la medicación propiamente dicha, todos los pacientes indicados para el tratamiento son evaluados por estos profesionales quienes, por consenso, aprueban o desaprueban el uso de la sustancia. El inicio de la atención en Anita fue posible gracias a un convenio firmado entre el Instituto Santos Dumont y la Secretaría de Estado de Salud Pública de Rio Grande do Norte (SESAP/RN). En base a este acuerdo, el medicamento que lleva el nombre de los pacientes se envía a almacenar en Anita.

 

“Anita almacena la toxina botulínica en un ambiente adecuado, con temperatura controlada y con mínimo riesgo de pérdida de unidades. Todo con el objetivo de optimizar los efectos de la aplicación”, enfatiza Camila Simão. Los artículos se envían a Anita únicamente después de haber sido dispensados por la Unidad Central de Agentes Terapéuticos (Unicat) en nombre de cada paciente. Además de ser pionera en la creación de un equipo ambulatorio multidisciplinario, Anita utiliza gafas de realidad virtual en algunos niños para que puedan distraerse mientras se les administra la medicación. 

 

Según la médica preceptora en Ortopedia Pediátrica, Kalyana Fernandes, se estudian los aspectos físicos de los pacientes para definir de antemano la mejor forma y dosis ideal de botox a aplicar. Se realiza un estudio clínico previo para definir la dosis a aplicar. Esta depende del peso y de la evaluación neurológica clínica. La toxina botulínica no está indicada en todos los casos. En algunos casos, el tratamiento clínico y la neurocirugía son alternativas más adecuadas. Este tratamiento (con bótox) aporta grandes beneficios al paciente, explica Kalyana Fernandes. También destaca que la reacción al producto no se presenta con frecuencia y que es similar a una reacción a una vacuna. Se recomienda el uso de medicamentos como paracetamol o dipirona para aliviar los síntomas. 

Texto:  Ricardo Araújo / Ascom – ISD

Foto: Ricardo Araújo / Ascom – ISD

Consultoría de comunicación
comunicacao@isd.org.br
(84) 99416-1880

Instituto Santos Dumont (ISD)

Es una Organización Social vinculada al Ministerio de Educación (MEC) y engloba al Instituto Internacional de Neurociencia Edmond y Lily Safra y al Centro de Educación e Investigación en Salud Anita Garibaldi, ambos en Macaíba. La misión del ISD es promover la educación para la vida, formando ciudadanos a través de acciones integradas de enseñanza, investigación y extensión, además de contribuir para una transformación más justa y humana de la realidad social brasileña.

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Denominado Servicio Multidisciplinario Especializado en el Tratamiento de la Espasticidad (Semente), el ambulatorio está formado por un equipo multidisciplinario integrado por la fisioterapeuta Camila Simão; por la farmacéutica bioquímica Danielle Alecrim; por la médica ortopédica pediátrica Kalyana Fernandes y el neurólogo Ângelo Raimundo da Silva Neto. Atienden pacientes en el Centro de Rehabilitación Especializado (CER IV), con indicación para el tratamiento de la espasticidad, instalado en el Centro de Educación e Investigación en Salud Anita Garibaldi (Anita). El primer día de funcionamiento de la clínica, la semana pasada, tres pacientes recibieron la toxina. La mayoría de las aplicaciones realizadas hasta el momento se han producido en los miembros inferiores, donde se concentran la mayor parte de las contracciones musculares involuntarias que se producen en los niños tratados.

 

Según Camila Simão, el tratamiento iniciado con toxina botulínica es pionero porque involucra un equipo multidisciplinario que discute, según las demandas y necesidades traídas por la familia, la indicación de aplicación y el proceso de rehabilitación. Previo a la aplicación de la medicación propiamente dicha, todos los pacientes indicados para el tratamiento son evaluados por estos profesionales quienes, por consenso, aprueban o desaprueban el uso de la sustancia. El inicio de la atención en Anita fue posible gracias a un convenio firmado entre el Instituto Santos Dumont y la Secretaría de Estado de Salud Pública de Rio Grande do Norte (SESAP/RN). En base a este acuerdo, el medicamento que lleva el nombre de los pacientes se envía a almacenar en Anita.

 

“Anita almacena la toxina botulínica en un ambiente adecuado, con temperatura controlada y con mínimo riesgo de pérdida de unidades. Todo con el objetivo de optimizar los efectos de la aplicación”, enfatiza Camila Simão. Los artículos se envían a Anita únicamente después de haber sido dispensados por la Unidad Central de Agentes Terapéuticos (Unicat) en nombre de cada paciente. Además de ser pionera en la creación de un equipo ambulatorio multidisciplinario, Anita utiliza gafas de realidad virtual en algunos niños para que puedan distraerse mientras se les administra la medicación. 

 

Según la médica preceptora en Ortopedia Pediátrica, Kalyana Fernandes, se estudian los aspectos físicos de los pacientes para definir de antemano la mejor forma y dosis ideal de botox a aplicar. Se realiza un estudio clínico previo para definir la dosis a aplicar. Esta depende del peso y de la evaluación neurológica clínica. La toxina botulínica no está indicada en todos los casos. En algunos casos, el tratamiento clínico y la neurocirugía son alternativas más adecuadas. Este tratamiento (con bótox) aporta grandes beneficios al paciente, explica Kalyana Fernandes. También destaca que la reacción al producto no se presenta con frecuencia y que es similar a una reacción a una vacuna. Se recomienda el uso de medicamentos como paracetamol o dipirona para aliviar los síntomas. 

Texto:  Ricardo Araújo / Ascom – ISD

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