Renata Moura y Kamila Tuenia
Reporteros
“Frente a una ciudad con miles de personas, a un estado con miles de personas, a un país, a un mundo poblado por miles de millones, ¿quién eres tú? ¿Qué vas a ser?
La pregunta fue formulada a unos niños acostados en un aula, lo que les llevó a reflexionar sobre el lugar que ocuparían en el mundo.
Era el año 2007 y entre ellos estaba José Firmino Neto, quien 13 años después se convertiría en el primer máster en Neuroingeniería nacido en Macaíba, un municipio deRio Grande do Norte con 81.821 habitantes y un bajo Índice de Desarrollo Humano Municipal (IDHM) en educación, según los datos más recientes de Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
El diploma de maestría fue entregado a finales de septiembre de este año por el Instituto Internacional de Neurociencias Edmond y Lily Safra (IIN-ELS), del Instituto Santos Dumont (ISD), una Organización Social del gobierno federal que está vinculada al Ministerio de Educación y tiene su sede en el municipio.
Sin embargo, no fue en las cátedras del programa de posgrado – el primero de Brasil en esa área del conocimiento – que comenzó la historia que involucra al niño y al Instituto.
La escuela
Entre las cuatro paredes del aula donde decenas de niños pensaban en “qué serían” cuando crecieran, Firmino fue uno de los estudiantes de la enseñanza fundamental que participó de la primera clase de talleres de Educación en Ciencias en el Centro de Educación en Ciencias Alfredo J. Monteverde, que el ISD mantuvo hasta 2017 en Macaíba.
Los CEC, como se denominaban a los Centros, utilizaban clases prácticas en laboratorios para introducir los conceptos más importantes de la ciencia a niños entre 10 y 15 años. Más de 7 mil estudiantes de 102 escuelas públicas de Rio Grande do Norte y Bahía se beneficiaron.
En horarios opuestos a los de las escuelas donde estudiaban, niños y niñas participaron en los Centros de talleres sobre ciencia y tecnología, física, química, robótica, biología, medio ambiente, historia, arte y comunicación.
Fue en Alfredo J. Monteverde donde comenzó el interés de Firmino por la ciencia, en un viaje que, espera, esté lejos de terminar.
“Todo mi recorrido en el Instituto significó mucho para mi vida y mi futuro. Ahora, mis planes son terminar mi doctorado (en Neurociencia, en la Universidad Federal de Rio Grande do Norte – UFRN) y seguir realizando proyectos importantes. Quiero realizar mis estudios postdoctorales en el extranjero para convertirme en profesor de investigación en neurociencia en el futuro. Las oportunidades que hay ahí afuera pueden ser mejores y quiero aprovecharlas, no irme de aquí. Pero regresar y crear más oportunidades para niños y jóvenes como yo, y retribuir todo lo que aprendí en el Instituto”.
Educación
Hijo de trabajadores autónomos que siempre hicieron lo posible para asegurar su formación, Firmino estudió inicialmente en escuelas públicas de la ciudad y luego en escuelas privadas, cuyas matrículas sus padres pagaron, en parte, con la venta de snacks.
“Oportunidad y suerte” son las primeras palabras que le vienen a la mente sobre la historia que protagoniza.
“Me siento afortunado y hasta diría privilegiado de tener una familia que luchó tanto para que yo tuviera una educación de calidad”, afirma. “Tener la oportunidad también fue esencial. Tuve la oportunidad de familiarizarme con el conocimiento y pude aprovechar cada oportunidad para aprender. En mi infancia, esa reflexión sobre lo que representaba nuestra existencia me enseñó que podía construir lo que quisiera con conocimiento y eso lo tengo conmigo hasta el día de hoy”, dice sentado en una sala del IIN-ELS donde concede la entrevista sosteniendo, con ambas manos, un réplica del cerebro utilizada en clases.
Historia
Una fotografía en blanco y negro registra un antiguo episodio que involucra al ahora estudiante de doctorado y al Instituto Internacional de Neurociencia Edmond y Lily Safra.
José Firmino Rodrigues, su abuelo, fue quien entregó el terreno que albergaría el IIN-ELS al neurocientífico y fundador del Instituto, Miguel Nicolelis, en 2003.
La imagen muestra la primera visita al espacio, años más tarde denominado “Brain Campus”.
“Mi abuelo era funcionario jubilado de la UFRN, cuidaba los terrenos de la Escuela Agrícola de Jundiaí, en la zona rural de Macaíba. Conducía un tractor a través de Escuela y fue quien llevó a Nicolelis y los científicos a conocer el terreno. Al llegar allí y escuchar las historias de que iba a ser un centro de educación y ciencia que podría transformar realidades, quedó encantado”, dice Firmino.
Sin saberlo, el hombre que posa a la izquierda de Nicolelis, con un grupo de neurocientíficos en la foto, años después tendría a su nieto como parte de la historia.

“Miguel Nicolelis habla en uno de sus libros de la utopía que es producir educación y conocimiento donde no hay posibilidad. Macaíba es una ciudad con una déficit En educación hay mucho trabajo y aquí muchas veces pensamos que tenemos que ir al extranjero o a la capital a estudiar. ISD deconstruyó esto en mi vida. Tener una oportunidad como ésta en la ciudad donde nací, crecí y vivo actualmente fue un sueño del que espero nunca despertar”, añade la nativa de Macaíba.
Iniciación Científica
Después de terminar la escuela secundaria, Firmino aprobó los exámenes de ingreso para los cursos de Literatura, Contabilidad, Lógica de Programación y Psicología. Fue en este último donde decidió quedarse y donde ahora es egresado de la Universidad Potiguar (UnP).
El reencuentro con ISD se produjo cuando todavía era estudiante universitario y sabía exactamente lo que quería: emprender en el campo de la investigación.
“Lo más gracioso fue que cuando ingresé al programa de Iniciación Científica del ISD, no sabía, no tenía idea de que alguna vez había sido mi casa, el lugar que agudizó mi creatividad”, comenta con una sonrisa, pues a primera vista no asoció la Institución con la escuela donde, de niño, estudió ciencias. “Cuando descubrí (esta relación), la motivación para hacerlo lo mejor posible se hizo aún mayor”.
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Firmino ingresó al programa de maestría en 2018 y defendió su disertación en 2020, a la edad de 26 años. En el trabajo, titulado “Desarrollo de una tarea conductual para Estudios sobre discriminación de estímulos auditivos y toma de decisiones en titíes (Callithrix jacchus)”, desarrollaron un protocolo de entrenamiento conductual para titíes para discriminar estímulos auditivos. Fue supervisado por la investigadora Mariana Ferreira Araújo, profesora del IIN-ELS/ISD hasta mayo de 2019.
“La neurobiología de los titíes puede compararse con las características encontradas en los humanos debido a su proximidad evolutiva y la similitud del sistema auditivo. “El resultado de este trabajo puede generar aportes en cuanto a la evolución de nuestra comunicación vocal y en diferentes aspectos cognitivos”, resumió para el informe ISD 2020.1, que presenta los resultados alcanzados por el Instituto en el primer semestre del año para su seguimiento por parte del Ministerio de Educación.
Al cierre del año 2019, 38 estudiantes se encontraban matriculados regularmente en la Maestría en Neuroingeniería del IIN-ELS, provenientes de carreras como ingeniería biomédica, ingeniería en informática, medicina, ciencias biológicas, ingeniería eléctrica, informática, enfermería, biotecnología, ingeniería civil, ingeniería de control y automatización, ingeniería química, fisioterapia, psicología, biomedicina y logopedia.
El programa de maestría se inició en agosto de 2013 y desde entonces, hasta junio de 2020, se han matriculado 104 estudiantes y 59 han defendido sus tesis. Son estudiantes de diferentes estados, de norte a sur de Brasil.

“Camino hacia el futuro”
“Esta institución me hizo desarrollar todas las habilidades que en el mundo real nunca hubiera imaginado posibles. Vi a muchos otros jóvenes como yo perder la vida por el crimen, por las drogas, y podría haber sido uno de ellos, pero la educación fue mi camino hacia el futuro. Mi padre, el señor Gilvan, levantándose de madrugada a vender bocadillos, para que yo pueda estudiar, es mi mayor ejemplo. “Gracias al esfuerzo de él, de mi mamá (María Salete) y de mis abuelos para que yo pudiera tener una educación de calidad, aunque costara más de lo que podíamos pagar, estoy aquí”, comenta la investigadora y refuerza: “Crecí en el Instituto, aquí aprendí que sin educación no somos nada y que necesitaba aprovechar los conocimientos para triunfar en la vida”.
Para el director general del Instituto Santos Dumont, Reginaldo Freitas Júnior, “Firmino es la personificación de la misión de construir educación para la vida, brindando oportunidades y garantizando el crecimiento de la ciudad y sus actores”.
“Él verdaderamente encarna nuestro sueño de educación permanente. Si pensamos, por ejemplo, en los objetivos de desarrollo sostenible, uno de los cuales es garantizar una educación y un aprendizaje de calidad en todas las etapas de la vida, ver que ésta es una historia de los resultados que puede traer este derecho, nos hace creer en el poder transformador de la educación que valora, reconoce y construye tantas cosas”.
El sueño de una educación transformadora también pasa por el desarrollo territorial, económico y social, según Freitas Júnior. “Nuestro objetivo también es darle a las personas la oportunidad de crecer no sólo profesionalmente, sino personal y económicamente. Estar aquí, dentro de una ciudad metropolitana para crear un ecosistema de desarrollo socioeconómico a través de la educación, la ciencia y la investigación. Firmino demuestra que esto es posible y que seguirá siendo así, porque queremos muchos más Firminos y Firminas aquí”, observa el director.

Historias que se cruzan
Firmino es el primer máster en Neuroingeniería nacido en Macaíba, pero otros jóvenes investigadores con raíces en el municipio también forman parte de la historia del Programa de Posgrado.
El primero en recibir el diploma fue el fisioterapeuta Ozair Argentille, quien nació en la capital, Natal, pero vivía en el municipio. En la tesis que defendió en febrero de 2019, se centró en los niños con microcefalia.
“Es algo así, prácticamente un sueño. Y espero que Ozair, Firmino y yo seamos pioneros para tantas otras personas de Macaíba que aún están por venir”, afirma el científico biomédico. Maria Heloísa Vasconcelos, de 23 años, que nació en la vecina São Gonçalo do Amarante, “porque la maternidad de Macaíba estaba cerrada”, pero que considera a la ciudad su hogar y donde, en 2021, también deberá formarse como neuroingeniera.
“Tengo vecinos que trabajan en el Instituto, que han ayudado con la construcción, y para ellos es un orgullo tener a alguien del barrio, alguien conocido, estudiando aquí”, comenta emocionada.

Heloísa estudia la Reconsolidación de la memoria mediante la técnica denominada estimulación transcraneal con corriente directa, que se explica que se utiliza clínicamente en fisioterapia en el tratamiento de personas con Enfermedad de Parkinson. “Todavía no sabemos cómo explicar algunos de los mecanismos que hacen que esta técnica tenga éxito. Por eso lo que investigo es la parte molecular y la efectividad del método para promover mejoras cognitivas y de memoria”. El trabajo está supervisado por la investigadora del IIN-ELS/ISD María Carolina González.
La científica biomédica vio el Instituto Internacional de Neurociencias, en ISD, como una posibilidad lejana para su propia carrera.
“Ni siquiera sabía qué era el Instituto, pensaba que no era para mí”.
Hasta que escuché sobre el Programa de Postgrado en Neuroingeniería y descubrí que la oportunidad y su espacio también estaban ahí. “Descubrí el Instituto, sin pretensiones le envié un correo a Edgard (Morya, coordinador de investigación del IIN-ELS) y me dijo ‘ven’ y vine a averiguar. Firmino fue quien me introdujo a todo. “Cuando vi una institución como ésta, con tantos instrumentos, tecnologías y técnicas que la gente usa en el extranjero, pensé: ‘Me voy a quedar aquí’”.
Heloísa se emociona al recordar su trayectoria como estudiante, universitaria y ahora investigadora. “Llegar hasta aquí era algo que creía inalcanzable para mí, esa es la verdad. Ya me destaco en mi ciudad por haberme graduado de una escuela pública. Esto es raro. Y es aún más raro que consiga un posgrado en Macaíba”.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en una escala de 0 a 1, donde cuanto más cerca de 1 mayor es el Índice de Desarrollo Humano Municipal (IDHM), Macaíba aparece con 0,545 en relación a la educación, posición clasificada como de bajo desarrollo y que está en el escalón 2.458 del ranking brasileño – entre un total de 5.565 municipios. El número es 34% inferior al alcanzado en Águas de São Pedro (SP), municipio brasileño con mayor IDH Educación (0,825), y 21,46% inferior al registrado en Natal, capital de Rio Grande do Norte, con un índice de 0,694, en la 436ª posición del ranking.
En el libro Hecho en Macaíba (2016), en el que explica los orígenes del Brain Campus y del Instituto Internacional de Neurociencia Edmond y Lily Safra, el neurocientífico Miguel Nicolelis ya destacó los bajos índices de desarrollo humano en Macaíba y observó uno de los resultados que vio con el proyecto que implementó en el municipio.
“Nuestros alumnos aprendieron desde muy pequeños que, efectivamente, eran capaces de cualquier cosa (…) alguien no sólo les dijo que tenían plena confianza en su capacidad para conquistar su propio futuro, sino que además afirmó categóricamente que ese futuro podía ser cualquier cosa que ellos quisieran que fuese, incluso si eso implicaba definir lo imposible en sí mismo.”
Texto: Renata Moura – Periodista / Ascom – ISD y Kamila Tuenia – Pasante de Periodismo / Ascom ISD
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Instituto Santos Dumont (ISD)
Es una Organización Social vinculada al Ministerio de Educación (MEC) y engloba al Instituto Internacional de Neurociencia Edmond y Lily Safra y al Centro de Educación e Investigación en Salud Anita Garibaldi, ambos en Macaíba. La misión del ISD es promover la educación para la vida, formando ciudadanos a través de acciones integradas de enseñanza, investigación y extensión, además de contribuir para una transformación más justa y humana de la realidad social brasileña.






